Los huracanes llegan a categorías alarmantes, los terremotos destruyen ciudades y dejan edificios  devastados y cientos de vidas perdidas. Solo en Houston hubo 316 mil interrupciones de corriente eléctrica a causa de Harvey, este huracán fue clasificado como el más lluvioso de la historia de Estados Unidos. Según el Centro Nacional de Huracanes hace 13 años no se presentaban huracanes como Harvey o Irma. Días después nos despertamos con María, el segundo huracán más fuerte de la historia de Puerto Rico y el décimo más intenso observado en el Atlántico, que llegó a tener vientos de 250 km/h según el Centro Nacional de Huracanes de Miami.

Tal vez, te estés haciendo las siguientes preguntas: ¿dónde está Dios? ¿Por qué permite esto? ¿Será su voluntad la muerte de cientos de personas a causa de desastres naturales?

Sería ideal tener respuesta a ellas, pero no  es así. Existen situaciones específicas en las que no hay razón  alguna para que sucedan, y es común preguntarse porqué ocurren tan seguido o cuál es la razón de los desastres que quedan como resultado de fenómenos naturales como Harvey, Irma, María y el reciente terremoto en Ciudad de México. Los desastres naturales no son ajenos a nadie, causan sufrimiento, devastación y dolor.

Aún hay esperanza

Según cifras de la protección civil Federal los muertos en México aumentan a 325, Harvey dejó más de 30 muertos en Houston según el diario El País. Y María fue catalogada como “la tormenta más devastadora del siglo” según Ricardo Rosselló, el gobernador de Puerto Rico. En momentos así, cuando estás abrumado con noticias de muertos, heridos, destrucción y devastación, difícilmente se piensa lo bueno.

Romanos 8:18 dice: “considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después”. Aquí Pablo habla acerca de dos palabras claves: sufrimiento y gloria. El sufrimiento es temporal, es un suceso casi efímero, comparado con la eternidad que vendrá más adelante.

Dios es soberano y una muestra de ello es  la crucifixión de Jesús. En común quedarse con la imagen de Jesús crucificado y fácilmente se deja a un lado que sucedió después, la consecuencia de ese hecho trágico y doloroso. Se olvida que ese momento dividió la historia de la humanidad y trajo vida eterna.

No se trata de que los desastres naturales sean situaciones buenas en sí mismas. Pero Dios dispone de todas las cosas para el bien de quienes lo aman. Él puede traer vida a lo que pareciera no tener esperanza porque existen ocasiones donde pareciera que no se vislumbra un final prometedor. Cuando se tiene la certeza de que todo está en control de quien es realmente bueno se  logra dar un sentido diferente a las malas noticias.

México se ha unido para sacar adelante su país, en algún momento también se unió Colombia por el desastre de Mocoa. Si entendemos que de lo malo siempre sale algo bueno será más fácil poder asimilar noticias como estas. Así es como actúa Dios: él no desata las tragedias naturales, pero si las usa para su bien. Su amor nunca dejará de ser, siempre estará presente, su amor es la razón por la cual lees este artículo.

Es  impredecible conocer el futuro. Es imposible conocer lo que ocurrirá mañana, la otra semana o el próximo mes. No sabemos qué ocurrirá mañana. Dios lo sabe, afortunadamente. Su plan es perfecto y está escrito desde hace miles de años. De eso podemos estar seguros.

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