¿Te has preguntado cuántas veces al día miras tu celular?

La respuesta te sorprendería. Sólo en Instagram se generan 750 likes cada segundo, Facebook es utilizada 4,7 billones de minutos al día y actualmente se publican 750 Tweets por segundo. Las redes sociales están hacen parte de nuestra vida, gracias a ellas nos comunicamos, nos informamos y conocemos amigos. Incluso muchos matrimonios han surgido de la web.

Facebook, Google y YouTube son las más visitadas en internet. Cada segundo dos nuevos usuarios se integran a LinkedIn, plataformas como Pinterest recibe 1.3 millones de visitas al día y en sólo 10 días Instagram consiguió 10 millones de usuarios según Merca 2.0. Las cifras parecen irreales. Quizá la mayoría de aplicaciones de tu celular son de redes sociales o juegos y no está mal, pero te has preguntado ¿es mi consumo de celular y de sus aplicaciones excesivo?

Esta exageración nos ha llevado a la inmediatez. Paradójicamente con tanta información ahora la gente está más desinformada. Todo lo que se ve en redes es consumible, son productos que agregan ruido y nos llevan al hedonismo.

Así también cada segundo miles de personas publican fotos compartiendo momentos de su vida, sólo con un click puedes comprar cualquier cosa, con un click puedes conocer la información más detallada del tema que desees, y esa es internet, un mundo inmediato, donde cada segundo cuenta y vale, donde no hay espacio para el retraso, no puedes parar.

Este escenario hace parte de nuestra cotidianidad, cada vez es más común pasar el tiempo frente a una pantalla en lugar de compartir con nuestra familia, pareja o amigos. Mostrar en redes fotos de los viajes se convirtió en una prioridad mayor que disfrutarlos. Queremos que todo suceda con un click: diploma ya, dinero ya; debemos comprar carro y lucir un nuevo celular de inmediato. Sin embargo todas estas cosas se consiguen con esfuerzo y paciencia.

Existen otras preocupaciones constantes: el estrés del tráfico, el agobio por la cantidad de personas alrededor, vivir con afán para no llegar tarde a una cita, enviar informes interminables todos los días… en fin. Ahora estas preocupaciones son nuestras costumbres, y por ellas hemos perdido tradiciones como el cara a cara, el placer de tomarse un café con alguien o simplemente disfrutar de una conversación agradable.

El afán por hacer, producir y disfrutar se puede convertir en una realidad cada vez más cercana. No es malo ser proactivo, o trabajar duro por lograr los objetivos, el problema está en permitir que eso remplace lo más valioso a nuestro alrededor, la familia, los amigos, la vida espiritual, el descanso e incluso el tiempo de ocio. Es fácil caer en la inmediatez, porque es sutil y llega sin darnos cuenta.

Mateo 6:34 dice: No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas”. Todos contamos con 24 horas al día y es decisión de cada uno cómo administrar ese tiempo. Así como un niño aprende a caminar paso a paso, nosotros aprendemos a vivir de la misma forma, con acciones cortas que construyen nuestro día y nuestra vida.

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