Su hijo es pésimo para el voleyball. A pesar de que es el mejor jugando baloncesto, les recomendamos que durante las vacaciones lo ingresen a un curso intensivo de voleyball dijo el profesor.

La historia pudo haber acabado allí. Michael Jordan intentando, durante toda su vida, ser un jugador de voleyball aceptable.

Una sociedad basada en los fracasos

Esto es tan solo un ejemplo que ilustra una falla en el sistema educativo actual. Vivimos en un mundo en el que nos enseñan a mejorar nuestras debilidades y no a fortalecer nuestros talentos. Nos enfocamos en lo que está mal y en lo que hace falta.

En la Segunda Guerra Mundial la psicología se convirtió en una ciencia que repara al ser humano; se concentró en sanar el daño interior del ser humano, dice un estudio de la Universidad de Pennsylvania.

Nuestra sociedad presta mayor atención a lo que está mal, a lo dañado y a lo que hace falta. Es una manera de pensar que degrada al ser humano y un obstáculo para avanzar.

Enfoque basado en fortalezas

En 1950, en el consulado de Nebraska, sometieron a investigación 6000 niños de primaria para descubrir buenos métodos de lectura. Se les dieron clases de lectura rápida basados en varios métodos y se midió qué tan rápido leían antes y después de la investigación. Al empezar las pruebas se identificaron dos grupos: uno que leía en promedio 90 palabras por minuto, y otro que leía, en promedio, 350.

Las clases buscaban igualar a ambos grupos en efectividad lectora. Para sorpresa de los investigadores la mejora que se dio después de las clases no tuvo que ver con los métodos de lectura aplicados sino con la clasificación de los niños. Los de mayor rendimiento, el grupo que leía 350 palabras por minuto, alcanzaron a leer hasta 2900 palabras por minuto. Los del otro grupo tan sólo mejoraron a 150 palabras por minuto.

Resultó que los niños con mayor rendimiento tenían una memoria fotográfica talentosa. Para ellos había sido mucho más sencillo aprender. Desde entonces, se formuló la siguiente hipótesis: los más importantes niveles de desarrollo humano están determinados al invertir en aquello que las personas hacen mejor naturalmente.

Lo que hago bien y de forma natural

Nacimos con facilidad para hacer ciertas cosas; los llamamos dones o talentos. Mientras algunos los descubren desde muy jóvenes, otros los descubren con el paso del tiempo. Sin embargo, no existe alguien que no tenga algo en lo que puede llegar a ser muy bueno.

Los talentos están relacionados con lo que cada uno ama hacer, en otras palabras la pasión y la habilidad congenian, por eso pregúntarse a sí mismo “¿qué me apasiona de todo corazón?” es una buena forma de encontrar un talento innato.

Esto ayuda a responder una importante pregunta: ¿para qué existo? Los millennials piden a gritos una razón para vivir que no tenga que ver con un carro despampanante y un lindo escritorio. Anhelan encontrar un propósito de vida que trascienda más allá de sí mismos. Cada uno guarda la respuesta a su propósito en su corazón.

Invertir en eso para ser experto

Malcolm Gladwell enseña, en su libro Outliers, que invertir el tiempo y el esfuerzo en una actividad constante va a dar como resultado personas expertas que tarde o temprano sobresaldrán del montón. Outliers invita a invertir en nuestras fortalezas a través de historias de la vida real. Cuando nos enfocamos en las fortalezas podemos alcanzar el expertise, es decir, ser expertos en una labor y sobresalir haciéndola.

Las debilidades no se deben ignorar, es importante entenderlas como parte de nosotros, pero no debe ser lo más importante. Nuestra tendencia es pensar en las cosas que nos hacen falta y en todas las falencias que tenemos, como si hubieramos sido el resultado de un accidente de laboratorio.

Como creaciones de Dios somos admirables; cada uno fue diseñado con un propósito diferente y con distintas fortalezas para usar, explotar, y disfrutar. Esta es una invitación a invertir tu tiempo, tu dinero y tu esfuerzo para fortalecer aquello en lo que fuiste especialmente creado en el cielo.

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