Paul Young, autor del New York Times’ best seller, “La Cabaña” , y de otros libros como “Eva” y “Caminos cruzados”, habló con Worth sobre su vida, la gracia, el sufrimiento, el perdón y la mujer. 

WORTH: Sabemos que naciste en una familia de misioneros y que creciste en medio de una tribu, ¿cómo fue esa experiencia para ti?

PAUL YOUNG: Sí, nací en Canadá, en Alberta. Uno de los hechos más influyentes en mi vida fue que, cuando tenía menos de un año, mis padres empacaron todo y nos mudamos a las tierras altas de la Nueva Guinea Neerlandesa, lo que hoy se conoce como Papúa Occidental. Éramos una misión pionera y los habitantes de la isla nunca habían visto gente blanca. Tampoco conocíamos su idioma -Nueva Guinea tiene más de 800 grupos lingüísticos no relacionados-. De hecho, mi primera lengua fue el idioma de la tribu y realmente nunca supe que yo era blanco hasta que cumplí seis años, cuando fui enviado a un internado misionero. Crecer en un ambiente multicultural fue increíblemente maravilloso para mí, pero también doloroso. Mi padre era un joven muy bravo que no tenía la capacidad de ser papá, mi abuelo había destruido eso en él. De pequeño experimenté abuso sexual en la tribu y también en el internado. Creo que por eso La Cabaña es tan multicultural, es parte de mi historia.

¿Cuál era el concepto que tenías de Dios en ese entonces?

Mi familia y yo éramos cristianos modernos y fundamentalistas. Teníamos la imagen de un Dios distante y enojado, una mirada muy corta de la humanidad y un concepto muy alto de pecado. Creíamos en un Dios que la mayoría del tiempo estaba decepcionado de nosotros. Así que me convertí en alguien muy orientado a las conductas, es decir, me preguntaba cosas como “qué estoy haciendo para complacer a Dios”, o decía otras como “tengo que trabajar para ganarme su afecto”.

Has dicho que la religión es uno de los mayores impedimentos para llegar a Dios. ¿Fue eso lo que viviste en tu adolescencia? ¿Por qué entonces decidiste estudiar teología e ir a una escuela bíblica?

Si estás familiarizada con la historia del hijo pródigo, yo era el hermano mayor. Yo era el que trataba de hacer todo bien para ganarse el afecto de su padre, y mucho más el de Dios. La religión era mi mundo, así que trataba de encontrar maneras de existir dentro de ella. Cuando asistí a la escuela bíblica, algo empezó a salir a la superficie. Empecé a hacer muchas preguntas que no estaban permitidas dentro del contexto teológico riguroso al que pertenecía. Mi lucha era con la institución que rodeaba la biblia. Aunque siempre tuve una atracción por la persona de Jesús, realmente luchaba con las estructuras y las inequidades en las que estábamos envueltos en la iglesia. Creo que las personas crean sistemas e instituciones para no tener que emprender una relación con Dios.

Dices que la religión no es la respuesta, ¿es Jesús la respuesta?

Muchas veces, cuando las personas preguntan si él es la única respuesta, tienen en sus mentes a un Jesús muy pequeño. Lo ponen como una posible respuesta entre muchas otras. Para mí, todo se centra en Jesús. No creo que podamos entender qué es ser humanos dejando a un lado a Jesús. No creo que podamos entender cuál es el carácter y la naturaleza de Dios apartando a Jesús. Para mí, cuando hablas del nombre ‘Jesús’, estás hablando del hijo del Padre, del que es ungido por el Espíritu Santo y del creador. Esto es lo que dice el evangelio de Juan. Toda la creación fue creada en él, así que no estamos tratando con la pregunta: ¿es Jesús una respuesta entre muchas? No, estamos lidiando con ¿Quién es Jesús?, ¿Es cierto que es el hijo de Dios, el ungido del Espíritu Santo? Esa es una pregunta diferente.

Dices que creciste en una familia evangélica muy fundamentalista. ¿Recuerdas un momento personal en el que tú, por decisión propia, te convertiste en cristiano?

No, no tengo ninguna memoria de eso. Crecí en un mundo en el que se decía “en enero 4 hice la oración de fe”. La ‘oración de fe’ ni siquiera aparece en la biblia y tampoco es una oración mágica. Más bien, todo este proceso se trata del hecho de que muchos de nosotros estamos ciegos -ya sea por la religión, la política, la situación económica o cualquiera otra cosa- y de que empieza a ocurrir una apertura de nuestros ojos para que veamos la verdad en la que estamos envueltos. Yo me identifico como cristiano dependiendo de cómo lo definas. Si alguien me dice: “¿Eres cristiano?”, yo le digo: “dime lo que crees que es ser uno”, porque muchas veces lo que las personas entienden por ello no es algo con lo que me identifico; hablan de alguien que divide a las personas en términos de valores, que excluye en términos de la humanidad del otro, que rechaza basado en comportamientos y mucho más.

Sueles hablar mucho de la gracia, pero la gracia es complicada de entender. En Colombia estamos pasando por un proceso de negociación de paz con la guerrilla de Las Farc, y hay quienes piensan que es un abuso de la gracia ofrecer perdón sin justicia. Otros piensan que la gracia es darle una oportunidad a los criminales, no importa lo que hayan hecho, como lo hizo Jesús con nosotros. ¿Qué piensas de esos conceptos, ‘Gracia’, ‘Justicia’, ‘Perdón’?

Confundimos castigo con justicia. Esto, de nuevo, es un pensamiento heredado de nuestra teología occidental. Pero todo el mundo sabe que el castigo no repara nada; un castigo nunca devolverá a un niño que fue asesinado. Dios no va tras el castigo; Dios busca la reconciliación y la restauración. Es mucho más fácil empujar personas a la cárcel y no permitirle a la sociedad lidiar con el proceso de reconciliación. Creo que Colombia puede aprender de procesos de paz ocurridos en Suráfrica o de conflictos africanos como el de los Hutus y los Tutsi, los cuales se masacraron unos a otros, y ¡había cristianos en ambos bandos! Hay un momento en el que el perdón ocurre, pero la reconciliación toma mucho más tiempo. Un proceso legislativo y que se entreguen las armas, será útil; pero un proceso de reconciliación es mucho más difícil. Si la definición de gracia es crear varias leyes que hagan que todo esté bien, entonces es insuficiente. Por el otro lado, no pueden simplemente decir ‘mandemoslos a todos a la cárcel”, porque eso no sana nada. Están frente a un arduo trabajo, y ese trabajo tiene que ser hecho en el corazón de cada individuo. Mis oraciones son por sabiduría para ustedes como comunidad.

Has compartido en otras entrevistas que tuviste una fuerte crisis matrimonial. ¿cómo actuó “la gracia” en tu situación?

Tú perdonas porque te das cuenta de lo que Dios ha hecho para perdonarte a ti. No perdonar es como transportar a otro ser humano a todas tus conversaciones y experiencias, siempre con tus manos alrededor de su cuello. Es ponerte en prisión a tí mismo. Pero el perdón es solo una cosa. El proceso de reconciliación en mi mayor crisis matrimonial -yo cometí adulterio hace 22 años-, nos tomó, a Kim y a mí, 11 años. Así que no estamos hablando de simplemente decir: “es que tienes que perdonar”. Para que la reconciliación se hiciera posible yo tuve que adueñarme de lo que había hecho, abierta y honestamente. A veces hay justificación para un divorcio, pero nunca para el adulterio. Hay efectos de esa mala decisión con los que aún estoy lidiando, pero si le preguntaras a Kim ella te diría que hoy confía en mí absolutamente y que nuestra relación está mejor de lo que nunca estuvo; así que requiere de trabajo. Muchas personas solo quieren encontrar una forma mágica de lograr la reconciliación y acuden a la gracia para ello, pero no se puede confiar en alguien que no ha aceptado lo que ha hecho y que no ha pasado por un proceso en el que ha probado ser confiable. Eso, en las relaciones humanas, significa trabajo arduo, pero trabajo bueno. Nunca quisiera pasar por esto de nuevo, pero el proceso valió la pena porque me curó como ser humano.

¿Crees que el sufrimiento es parte del propósito de Dios para nuestras vidas?

No. Creo que el sufrimiento es lo que nosotros hemos traído a la mesa. Hay mucho sufrimiento en mi vida del cual no he sido el autor, es decir, otras personas me lo causaron, ya fuera el abuso sexual u otras cosas. Pero tú no encuentras sufrimiento antes de la creación, dentro de la relación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 1 de Juan dice que Dios es luz y que en él no hay tinieblas, así que las tinieblas que existen son las que nosotros hemos traído a la mesa por nuestra propia independencia, por querer jugar a ser Dios en nuestras propias vidas y en las de los demás. Sin embargo, creo que Dios tiene una visión más alta de la humanidad de la que nosotros tenemos, por eso él no toma las decisiones por nosotros, él se para en medio de nuestra oscuridad y nos ayuda a verla de una manera diferente. No creo que el sufrimiento sea esencial, pero sí es real. Todos nosotros vamos a sufrir porque vivimos en este mundo, la pregunta es: ¿quién es Dios en medio de todo eso?

Si no estamos diseñados para vivir entre instituciones y sistemas, ¿nos es realmente posible habitar el mundo en el que estamos hoy como Dios quiere?

Absolutamente, pero tenemos que desaprender muchas cosas y tenemos que pasar por un proceso en el cual comencemos a confiar. La mayoría de nosotros no confía. Tenemos muchos miedos y solo nos queda una de dos opciones: confiar o controlar. Las instituciones y los sistemas son formas de ejercer control. Vivimos en un mundo lleno de ellos y no vas a encontrar una manera de escapar, pero sí podemos aprender a vivir en la gracia de ‘un día a la vez’. Cada mañana todos tenemos gracia suficiente para un solo día, hoy; pero la gastamos pensando en cosas que no existen y luego nos preguntamos por qué estamos tan llenos de ansiedad. Parte de eso es que no hemos aprendido a confiar en Dios todavía, y confiar es un gran viaje. Esta es la razón por la que la religión es tan atractiva, porque nos permite alcanzar una sensación de realización en Dios sin tener que confiar en él.

En tú libro Eva, haces un análisis de la historia del génesis. ¿Qué piensas del hombre y de la mujer en la biblia? ¿Tienen diferentes roles, o son exactamente lo mismo?

Cuando dices ‘lo mismo’, es obvio que biológicamente no lo somos. Pero si hablamos de autoridad, habilidad y fortaleza, en estas cosas no hay distinción. Es como preguntarnos si Dios es más masculino que femenino. Él no es solo esta perspectiva dualista y binaria que pone a todos los hombres a un lado y a todas las mujeres al otro. Al crear esta división y al crear roles basados en suposiciones, un gran número de seres humanos quedaron atrapados en una confusión de identidad o de género.

Cuando empecé a analizar el libro de Génesis, parte de lo que hice fue descubrir que hay un giro fundamental en todos nosotros, un giro que nos apartó de Dios, de esa relación en la que encontramos nuestra identidad, nuestro valor, nuestra importancia, nuestra seguridad, nuestro significado, nuestro destino, nuestra comunidad y nuestro amor. Cuando nos dimos la vuelta hacia nuestras propias tinieblas, Dios hizo una advertencia que lamentablemente ha sido muy pobremente traducida del hebreo al inglés o al español. La biblia dice que Dios le dijo a la mujer “tu deseo será por el hombre y él se enseñoreará sobre ti”, pero en realidad dice: “tu giro será hacia el hombre…”. Es una advertencia de que si Ella se voltea hacia un hombre para buscar identidad, valor, seguridad y todas las cosas ya mencionadas que nos hacen completamente humanos y completamente libres, entonces Él no podrá proveerlas y actuará en base a la vergüenza de no poder cumplir con todas sus expectativas. El giro del hombre es mucho más profundo y oscuro que el de la mujer, porque al menos ella se vuelve hacia otra relación. El hombre se vuelve hacia el suelo (la tierra) y hacia el trabajo de sus manos, es decir, a lo que hace profesionalmente, a su territorio o propiedad, es ahí donde busca su identidad. El llamado del evangelio es: “tú tienes que volver, volver al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Mencionaste algo sobre la definición binaria de hombre y mujer, y su relación con la  confusión de género, ¿qué piensas entonces del homosexualismo? ¿Cabe en el diseño de Dios?

La pregunta sobre el homosexualismo, para mi, es una pregunta, como tú bien lo pones, sobre el diseño de Dios. Lo que me molesta de esta pregunta es que la hemos convertido en una cuestión de comportamiento y entonces dejamos de amar. Eso es lo que me vuelve loco. No quiero jugar el papel del Espíritu Santo en la vida de nadie, quiero confiar en Él en la vida de todos. Creo que muchas veces, en medio de nuestras actitudes religiosas, dejamos de amar porque hemos decidido que Dios no es muy bueno en su labor de convencer al mundo de la ruptura que todos llevamos dentro. Conozco muchos amigos que llevan un estilo de vida homosexual y que saben que, ontológicamente, yo pienso que eso conlleva en sí un problema de diseño original; pero los amo. Ellos saben lo que pienso del tema, pero yo no estoy tratando de cambiarlos, no estoy tratando de ‘arreglarlos’, no son un proyecto para mi. Realmente confío en la obra del Espíritu en sus vidas. Esto es lo que le digo a mis amigos, sean o no homosexuales: “tú necesitas construir tu identidad en algo diferente a tu sexualidad o a tu género”, y eso me lleva directamente a Jesús. Dentro de nuestra cultura, la unión gay es un derecho civil, pero no por eso creo que la comunidad LGTBI tenga derecho a decirle a una organización religiosa cómo santificar su relación; pero civilmente es un derecho, absolutamente, y creo que la comunidad de fe occidental está empezando a entenderlo.

Finalmente, queríamos preguntarte sobre la película de tu libro La Cabaña. ¿Te preocupa que la gente empiece a relacionar más a Dios con tu historia que con la misma historia de la biblia?

Si logro que las personas relacionen más a Dios con el personaje de Papá, en La Cabaña, que con el abuelo tipo Gandalf barbudo que mira desde el infinito con un corazón que solo desaprueba, entonces ese será un gran cambio en la dirección correcta.

¿Qué tan involucrado estás en el proceso de filmación? ¿Dirías que es una película fiel al libro?

La película se estrena en Estados Unidos y Canadá en marzo 3, y yo he estado muy involucrado en su realización. De hecho, no lo anticipé, fue una sorpresa cuando me invitaron al set y ha sido un regalo. Es una adaptación fiel, no perfecta, pero sí fiel. Las personas que la vean no se darán cuenta de que hay algunas escenas que realmente no están en el libro; aunque no he visto la edición final, así que no sé qué tan cierto siga siendo esto. En general, amo esta película y creo que es increíblemente poderosa. Abrirá muchas conversaciones con muchas personas que nunca leerían el libro, y eso me emociona en muchos niveles. Hay talento fenomenal involucrado y no es una película de propaganda cristiana.

 

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